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Jueves, 31 de diciembre de 2009

HAMACA PARAGUAYA


El papá y la mamá esperan al hijo que fue a pelear en el Chaco durante la guerra frente a Bolivia ( 1932-1935).  Con los sonidos del campo, de la lluvia intermitente, en la hamaca a veces, ambos parecen saber lo inevitable: que el hijo nunca volverá. Murió en otra de las tantas guerras que enfrentaron a los pueblos en el siglo XX.

Paz Encina, joven directora paraguaya logró con Hamaca Paraguaya (2006) un escalofriante relato de las esperas que desesperan. Con la brillante actuación de Georgina Genes y Ramón del Río, la narración fílmica constituye un todo entre la atmósfera cargada de tensión, la lluvia que cada tanto llega (parece que es lo único que sucede de acuerdo a lo que esperan los personajes) y las pocas palabras de unos padres que saben que perdieron todo.

Esta película que obtuvo un premio en Cannes en aquel 2006. Cuando hace unos días le entrevistaba a Paz Encina en el programa Algo Personal (Arandurape y Canal 13) ella se ratificaba que el Paraguay es el país de las esperas eternas.  

En efecto, somos el país de las oportunidades perdidas. Cuando parecía que despuntaba cierto desarrollo económico vino la hecatombe con la guerra contra la Triple Alianza (1854-1870), en el siglo veinte la guerra con Bolivia y años después la guerra civil (1947), la longeva dictadura de Alfredo Stroessner (1954-1989), la construcción de Itaipú en los setenta que permitió crecimiento económico con enriquecimiento ostentoso para una minoría pero sin inversiones productivas que hubieran permitido un desarrollo a largo plazo, la transición a la democracia iniciada en 1989 en que las libertades públicas no se vieron acompañadas por aumento del bienestar social, combate eficaz a la impunidad y creación masiva de empleo y  como si fuera poco la inseguridad se enseñoreó del país.

Así llegamos a este último día del 2009. Se termina la primera década del siglo XXI en un país escandalosamente alcoholizado,  que somete a la indigencia a uno de cada cinco habitantes, que deja en la cuneta a siete de cada diez jóvenes que son los que no finalizan la educación media y donde al menos 9 niños mueren al día por razones prevenibles. La grosera desigualdad entre privilegiados y excluidos no hace sino alimentar la caldera de la frustración y del resentimiento social.

Por eso Hamaca paraguaya es hoy tan actual. Estamos en una encrucijada. O nos decidimos  aencontrar una hoja de ruta con una agenda país, o seguiremos a la deriva con  rumbo a la desesperación social.
Escrito por Carlos Martini. Docente de la Universidad Católica de Asunción.