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Viernes, 22 de enero de 2010

LAS HORAS DEL VERANO


Adrienne, Frédéric y Jéremie  son tres hermanos cuarentones. Se reúnen en la mansión familiar que está a muy cerca de París. Los dos varones tienen hijos que corretean en la amplia y bella extensión de los amplios jardines que son una especie de bosquecillo con corrientes de agua y mucho verde. Se encuentran con motivo del cumpleaños de Helene, la madre.  La casa contiene una valiosa colección de obras de arte que habían pertenecido a un tío ya fallecido.

Helene sospecha que está llegando al final de su vida y le aparta de la reunión a Frédéric para mostrarle lo que desea que herede cada uno de los hermanos y le pide que no vendan la casa.  La construcción contiene una atmósfera cruzada de afectos de otros tiempos y además cree que los nietos la disfrutaran.

Al fallecer Helene , poco tiempo después, los hermanos vuelven a juntarse. Jéremie vive en China, trabaja para una multinacional, Adrienne es una diseñadora de éxito en Nueva York. Frédéric es el único que vive en Francia. Es la hora en que se enfrentan a  la cuestión de decidir que van a hacer con la casa familiar y con las obras de arte.

Es a partir de este hilo en que el director francés Olivier Assayas (1955) realiza un melancólico y sensible drama familiar en Las horas del verano ( 2008). El paso del tiempo, la muerte, los caminos distintos que van tomando los hermanos, las tensiones que emergen cuando se trata de los afectos familiares al lado de los intereses de cada uno con sus vidas ya distantes en proyectos y vivencias son temas que se van desarrollando sin estridencias ni exageraciones.

El guión y el director van mostrando con diálogos breves, miradas y gestos el microcosmos de tres hermanos que se enfrentan a sus diferencias en un marco de emociones compartidas.

Con muy buenas actuaciones de Juliette Binoche, Charles Berling, Jérémie Renier y Edith Scob en un muy logrado papel como la mamá, Las horas del verano gustará a los que amen un cine de seres humanos de carne y hueso, enfrentados a un pasaje de sus vidas en que la ausencia definitiva de la madre los pone ante el espejo de sus afectos reales y de sus proyectos de vida.
Escrito por Carlos Martini. Docente de la Universidad Católica de Asunción.