Una mujer de más de noventa años vive sola en un edificio de departamentos. Este edificio, a su vez, tiene muy pocos habitantes .Un día, cuando vuelve de hacer compras, un joven la amenaza con un puñal a la entrada y la obliga a llevarla hasta su departamento con intenciones de robo. Ella le dice que tiene gran parte del dinero escondido en el baño. En un descuido, cuando el ladrón está dentro del baño, ella cierra con llave y lo deja encerrado.
Pero, en vez de llamar inmediatamente a la policía, empieza a hablar con el muchacho, a través de la puerta cerrada y llaveada, quien dice no tener más de 15 años. Durante tres días, ella le cuenta que fracasó dos veces en su vida amorosa, que está completamente sola, le dice que su mamá mató a un amante ocasional y que su única compañía es el televisor. Todo lo que le responde el chico solamente el lector sabe a partir de las respuestas o reflexiones de la anciana.
Más liviano que el aire ( Clarín, Alfaguara, Buenos Aires, 2009) es la nueva novela de Federico Jeanmaire ( Baradero, Provincia de Buenos Aires, 1957). Es un retrato implacable de la soledad enfemiza llevada a extremos del absurdo kafkiano.
He aquí una de las frases magistrales de esta obra que obtuvo el Premio Clarín de Novela 2009:
"Y en el fondo, qué quiere que le diga, yo también vivo encerrada…Puedo salir, es cierto. Pero ¿ adónde? A la verdulería o a la panadería y a veces a la carnicería o a la veterinaria. No mucho más. Para salir uno tiene que tener a dónde ir. Y yo no tengo ni un lugar ni una amiga. Ni siquiera tengo un hijo. Créame que estoy tan encerrada como usted, Santi."
Incluso va más lejos cuando le llega a decir al chico al cual tiene encerrado que "usted es la persona que más he querido en mi vida…en el fondo estoy hablando sola como una loca. Pero le digo la verdad, siempre he hablado sola…quien se va enterar si nunca hay nadie para oir las cosas que se ocurren".
El desenlace desesperanzado y devastador está a tono con el sentimiento de claustrofobia que anima toda la novela. Las 237 páginas transcurren en ese insólito diálogo que parece un monólogo entre un ladrón encerrado en el baño y una mujer mayor encerrada en sus fantasmas y soledades.
Sin perder jamás el ritmo narrativo, Federico Jeanmaire consigue presentar casi sin fisuras una de las aristas esenciales del tiempo que vivimos, la de la incomunicación irreversible aunque esté teñida de palabras.