"Cuando estoy conectada con un montón de gente por mucho tiempo, tengo la impresión de que, en el fondo, no conozco a nadie". Así de precisa es la productora cultural paulista, Liliane Ferrari. Ella se pasa dos horas por día actualizando los 21 sitios de relacionamiento virtual y blogs de los cuales forma parte. En esta era de Facebook, Orkut o Twitter millones de personas a lo largo del globo sucumben al mito de confundir conexión con comunicación.
La revista brasileña VEJA le dedicó la nota de tapa al tema en su edición del 8 de julio del corriente año. Con el título de sozinhos.com?, que tomamos prestado para esta nota, el reportaje de VEJA muestra con datos concretos cómo a pesar de que se pueden tener un listado de casi 2.500 contactos on line, en realidad el conocimiento personal no pasa de 150. El sociólogo Peter Mardsen, de la Universidad de Harvard (EE.UU) va más lejos y afirma en ese informe que " el tamaño medio del núcleo de amigos próximos parece estar disminuyendo, al mismo tiempo que la red de contactos flacos aumenta". Se llaman contactos flacos, en oposición a los fuertes, a los que se sostienen en las redes mencionadas y que no pasan por un intercambio de experiencias hondas y personales, sino por banalidades disfrazadas de intimidad.
Vivimos marcados por la era de los vínculos efímeros antes que los afectos intensos.
A esto hay que sumar la tendencia a mostrar la intimidad con desesperación exhibicionista vía fotos y videos. Paula Sibilia, antropóloga argentina, autora de La intimidad como espectáculo afirma que "el individualismo del siglo XXI supone una exacerbación de todo. El sujeto tiende a aislarse…la novedad sería un encapsulamiento progresivo y su contracara, la soledad. Cada uno se administra a sí mismo como una marca y entonces se vuelve cada vez más necesaria la mirada del otro para poder ser alguien. "(Clarín, Buenos Aires, Revista Ñ, 11 de julio de 2009, p. 15). En otras palabras, como estamos cada vez más vacíos, es imperioso que nos mostremos a toda costa para poder existir.
Es también la era de la interioridad hueca.
Como dice Sibilia, referente a esos sitios de relacionamiento, "aunque no tengan nada para decir, muchos jóvenes se construyen a sí mismos como si fueran una celebridad".
En síntesis, estamos en el reino de la nada, hipercomunicados, obsesionados con el exhibicionismo, cuanto más explícito mejor, incluyendo sexo, pero en gran parte de los contactos, sin nada relevante para transmitir.
Es la era donde el voyeurismo se combina con el exhibicionismo.
Es cada vez más relevante abordar estas nuevas tendencias porque es el signo de la época de los jóvenes. En un reciente estudio sobre la juventud en los países del Mercosur coordinado por el sociólogo Fernando Calderón se concluye que los jóvenes de entre 15 y 29 años se afirman como una generación de "sociabilidad tecnoinformacional y comunicativa…su vida cotidiana pasa por sus relaciones con los medios de comunicación, información tecnológica, internet y celulares" (ABC, Asunción, 10 de diciembre de 2009, edición digital.)
Uno de los costados que habrá que seguir de cerca en los próximos años es justamente cómo se combina ese acelerado acceso a las nuevas tecnologías por los jóvenes y su capacidad de intercambios emocionales y afectivos cara a cara, ante tanta mediación de las pantallas. Sin olvidar que un amplio sector juvenil está excluido del uso de las tecnologías más avanzadas.