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Viernes, 19 de junio de 2009

TOCARLOS, SENTIRLOS, OLERLOS


Era una noche fría de este otoño. En el entretiempo de un partido del torneo Apertura del fútbol local que estaba viendo por televisión en el patio de comidas, se me acercó una empleada de una de las tiendas del Shopping Villa Morra. Me consultó qué libro podía obsequiarle a uno de sus hijos, de 12 años. Antes que le respondiera me contó que hacía un mes le había regalado una novela de Augusto Roa Bastos y no le había gustado nada a su hijo. Me agregó que en el colegio al cual asiste el chico  un profesor les dijo simplemente que cada padre le regalara un libro a cada alumno, pero sin mayores especificaciones.

Lo primero que le señalé a la señora es que un libro de Roa no es el adecuado para un niño de 12 años. Le mencione lo que digo siempre que me hacen una consulta sobre un libro para niños y adolescentes. Hay que llevarlos a ellos a las librerías, que recorran los estantes, que toquen, sientan, que puedan ser invadidos por los aromas de las hojas, que observen los diseños de las tapas, que lean los comentarios en la contratapa, la biografía del autor y que opten por el o los libros que les cautiven la curiosidad y las ganas de saber qué pasa en la historia que cuentan esas páginas. Lectura es igual a placer, no a obligación.

Cada edad tiene su abanico de preferencias. Una muy buena experiencia mía es el diálogo con las vendedoras. Varias de ellas son extraordinarias promotoras de lectura porque captan rápidamente los intereses y gustos de cada persona que se acerca y la experiencia les hace saber qué tipo de libros van a concitar la imaginación y el deseo de los más jóvenes.

Es esencial, además que a diferencia del profesor de ese niño de 12 años, los docentes se formen en la incentivación de la lectura, jamás haciendo recomendaciones generales y mucho menos confundiendo el camino lector con la sola enseñanza de la gramática.

Los profesores deberían ofrecer un menú de alternativas de lecturas que sintonicen con el principio de la lectura como entretenimiento. En el caso de los niños más pequeños que todavía no están escolarizados es clave el papel del asesoramiento de los padres en las librerías y editoriales.

Desde que estábamos en las cavernas, como lo prueban aquellas pinturas rupestres, el ser humano necesitó contarse historias, vivir mundos paralelos. Y en ese aspecto no hemos cambiado: nos acercamos a una buena historia, que contenga los ingredientes de pasión, suspenso, humor, aventuras, tragedias, dramas o misterios. No importa. Lo relevante es que cada lector pueda encontrar el libro que lo aleje de la realidad de todos los días, hacia otras vidas, otros universos, otras  vivencias.

La Decimoquinta Libroferia de Asunción que se inauguró ayer jueves 18  en el Centro Ferial del Mariscal López Shopping ofrece precisamente el espacio que estamos apuntando: variadas ofertas a precios accesibles. Los padres y los colegios tienen la palabra.

Eso sí, una Libroferia jamás podrá suplantar la imperiosa necesidad de la formación de buenas bibliotecas públicas en ciudades y pueblos y en cada escuela. Y esta es una tarea estratégica con enormes agujeros en el caso paraguayo.
Escrito por Carlos Martini. Docente de la Universidad Católica de Asunción.